De 120 kilos a ganar una maratón: la historia más grande de superación

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Todas las historias, o mejor dicho, las grandes historias comienzan con un érase una vez… Y en este caso érase una vez…Martín. Un hombre de 34 años de 120 kilos y una obesidad que le impedía hacer una vida normal. Su día a día era sedentario. Trabajaba frente a un ordenador todo el día, comía por ansiedad y usaba el coche hasta para ir a la tienda. ¿Qué se podía esperar ante esto?

Desde el primer momento comenzó a notar que al subir las escaleras, y eso que vivía en un Primero, lo dejaban sin aire y su salud comenzaba a mostrar señales de alarma. Los análisis de sangre eran su peor enemigo porque se había convertido en un chivato: colesterol alto, prediabetes y dolores articulares. No se puede pedir más. El día que se subió a la báscula y marcó 120 kilos se batió el récord. Martín se había convertido en un enfermo total.

Un día, tras una consulta médica, le advirtieron sobre el riesgo real de un infarto. “Usted tiene todas las papeletas para morir de un infarto”, le dijo sin tapujos el médico. Y la verdad es que aunque pueda sonar a salvajada, fue lo mejor que le pudo pasar. Ese mismo día salió de la consulta, se sentó en su coche… y en lugar de encenderlo, abrió una app de notas y escribió una cosa: «Voy a correr una maratón. Voy a pesar 70 kilos. Voy a recuperar mi vida”.

Curioso verdad. ¿Qué pasó en la cabeza de Martín para hacer esto? Pues eso nunca se sabrá pero está claro que en su cerebro algo hizo click.

Una rutina diaria

Martín empezó caminando 15 minutos al día. Por supuesto que no podía correr todavía, porque se ahogaba, pero eso no lo detuvo. Se propuso mejorar cada semana. Cada semana iba aumentando cinco minutos más. También comenzó a leer sobre nutrición y a cocinar en casa. Cambió los temidos refrescos de cola por agua, abandonó la cerveza, cambió la comida rápida por platos caseros, y también contactó con un nutricionista.

En este caso le vino muy bien sumar a su vida un suplemento alimenticio natural para la ansiedad y el estrés, que durante muchos años le persiguieron.  Una fórmula exclusiva de Mentali que le sirvió para ayudarle a afrontar un estilo de vida nuevo.

A los tres meses el cambio ya estaba en marcha. Ya era capaz de correr 5 kilómetros seguidos. Y la báscula no mentía: Había bajado 12 kilos. Se inscribió en su primera carrera de cinco kilómetros como motivación. Esto es algo que está muy bien porque son muchos los que se apuntan directamente a carreras largas sin haber pasado por las cortas, y eso se nota.

Su primera carrera no la corrió rápido, pero cruzar esa meta fue como escalar una montaña. Se emocionó tanto que lloró. La verdad es que eran muchos meses de sacrificio, muchas semanas de dolor y de cansancio, pero la recompensa estaba cada vez más cerca.

Poco a poco Martín convirtió el running en un hábito diario, no podía vivir sin ello. Lloviera o hiciera calor, él salía a correr, y eso es donde se nota que una persona tiene fuerza de voluntad y quiere salir delante de los problemas.

75 kilos

Un día decidió unirse a un club de corredores y contrató un entrenador que le ayudó a evitar lesiones y a organizar su entrenamiento. En un año ya pesaba 75 kilos, dormía mejor, tenía más energía y su cuerpo había cambiado por completo. Tres adjetivos habían vuelto a su vida: Fuerte, ágil, feliz. O lo que es lo mismo, había conseguido ser un chico FAF.

Y por fin llegó el gran día. Martín se inscribió en la maratón de su ciudad, la misma que años atrás veía pasar desde la barrera, comiendo una bolsa gigante de patatas fritas y una coca cola de casi dos litros. La corrió con el corazón, recordando cada paso del proceso, cada obstáculo vencido. Y, contra todo pronóstico, no solo terminó los 42 km: es que ganó la carrera en su categoría por edad.

Y sí, la báscula daba 70 kilos, lo había conseguido.

EL milagro de la vida se había dado en la carretera, aunque si lo piensas no es ningún milagro, es simplemente creer en ti y saber que eres consciente. El bueno de Martín había pasado de correr para huir del presente, a trotar para que el futuro llegara cuanto antes porque era muy feliz.

La verdad es que este que escribe se alegra mucho por Martín, soy consciente de todo lo que luchó e hizo por conseguir su reto. Y lo sé, porque Martín soy yo.

 

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