Cuando se oía hablar de la estética dental hace años, lo cierto es que era algo que en algunos casos sonaba hasta frívolo, puesto que lo prioritario eran los dolores de muelas, las urgencias y realizar tratamientos funcionales.
Ahora es complicado separar la salud bucodental de la imagen personal. La sonrisa es parte central de cómo nos presentamos al mundo, y el cuidado de su aspecto no es algo que sea un capricho; hablamos de una extensión lógica de los autocuidados.
No es solamente tener los dientes blancos o bien alineados. Lo que hace la estética dental es trabajar para que haya una armonía global de la boca. Se buscan no sonrisas de catálogo, sino versiones más equilibradas y sanas de la sonrisa de cada persona.
¿Por qué la sonrisa importa más de lo que parece?
Se vive en una cultura donde la imagen importa. Está claro que, como nos dicen los profesionales de Mesiodens, la sonrisa es habitualmente lo primero que se mira cuando se saluda a alguien, como les dicen muchos clientes.
Si se tiene la boca descuidada, dientes manchados, rotos o desalineados, lo que se transmite, sea justo o no, es descuido, mala salud o escaso interés por uno mismo.
No estamos ante percepciones subjetivas. Hay varios estudios en el campo de la psicología y la odontología que lo que han hecho ha sido mostrar que cuando se mejora la apariencia de la sonrisa, nos autopercibimos mejor.
Las personas que tienen más seguridad en la sonrisa lo hacen más, hablan más sueltos y evitan gestos de ocultación, como sucede cuando se lleva la mano a la boca o nos reímos con los labios cerrados.
Estamos ante un impacto que llega a trascender lo personal. Aunque parezca que no, tener una sonrisa cuidada puede llegar a tener una influencia en la forma en la que nos relacionamos en el ámbito profesional, en las citas, en las redes sociales o en situaciones del día a día, como hacer una presentación o atender al público.
No es que una sonrisa perfecta sea garantía del éxito, pero es más fácil que los demás nos vayan a percibir como personas más próximas, saludables y confiables.
Estética dental y autoestima: un círculo que se retroalimenta
Estamos ante una relación que funciona en los dos sentidos. Por una parte, tener una baja autoestima puede hacer que nos descuidemos la boca: esto hace que evitemos ir al dentista, posponiendo los tratamientos, fumando más o descuidando la higiene por motivos de ansiedad o desmotivación.
Por otra parte, una boca que esté en mal estado lo que hace es reforzar la sensación de “no estar bien”, lo que crea un círculo que es complicado de romper.
La rotura de ese ciclo tiene un punto que podríamos llamar de inflexión: un blanqueamiento, limpieza profunda, corregir una pieza bastante visible o comenzar un tratamiento de ortodoncia.
Son bastantes los pacientes que dicen que, después de que mejore la sonrisa, notan cambios que van a ir más allá del espejo, puesto que se hacen más fotos, piden más ascensos o se atreven con situaciones sociales que antes solían evitar.
Tratamientos más comunes: de lo sencillo a lo complejo
Una buena noticia es que la estética en el campo dental no es aquel territorio que solamente estaba reservado a los más pudientes.
Ahora hay opciones para casi todos los presupuestos, necesidades y niveles de implicación. Lo que hay que tener claro es que todos los tratamientos no valen para lo mismo y muchas veces, lo mejor es combinar varios.
Blanqueamiento dental
Es el tratamiento estético que más se conoce y demanda. Básicamente, trata de aclarar el tono de los dientes gracias a los agentes blanqueadores, que se suelen basar en peróxido de hidrógeno o carbamida.
Se hace en clínica, con unos resultados más controlados y rápidos, o en casa mediante férulas personalizadas y geles que tienen menos concentración, pero siempre hay que estar bajo supervisión profesional.
El blanqueamiento funciona estupendamente en los dientes amarillentos o con manchas superficiales causadas por el café, el té, el vino blanco o el tabaco. No suele tener tanta efectividad con las manchas profundas, dientes muy oscuros o restauraciones antiguas, que no cambian de color.
De todas formas, para bastantes personas es el primer paso que existe hacia una sonrisa más luminosa sin que haya casi molestias.
Carillas dentales
Son unas láminas bastante finas de porcelana o composite que se adhieren a la parte frontal de los dientes. Con ellas se puede corregir el color, la forma, el tamaño o las pequeñas malposiciones en una o varias piezas.
De gran utilidad en los dientes que están manchados, pero que no acaban de responder al blanqueamiento, en las piezas astilladas o que están desgastadas o cuando existen pequeños espacios interdentales que no justifican que se tenga que hacer una ortodoncia completa.
Las que son de porcelana son más estéticas y resistentes a largo plazo, mientras que las de composite son bastante más económicas, pudiendo hacerse en una sola sesión, aunque duran menos tiempo y es más fácil que se manchen. De todas formas, necesitan ser hechas con un diseño cuidadoso para que no parezcan algo postizo y se puedan integrar de manera natural en la sonrisa.
Ortodoncia estética
Durante bastante tiempo, la corrección de la posición de los dientes lo que implicaba era que había que llevar brackets metálicos bastante visibles, lo que solía frenar bastante a los adultos.
Hoy tenemos alternativas bastante más discretas, que, realizadas en zafiro o cerámica, se camuflan bastante mejor con el color del diente, así como sistemas de alineadores transparentes, como el caso de Invisalign, que casi no se notan y se pueden quitar, tanto para cepillarse como para comer.
Restauraciones e implantes
Cuando no hay muchas piezas o los dientes están bastante deteriorados, la estética dental termina apoyándose en soluciones reconstructivas, como puentes, coronas e implantes.
Los implantes, en concreto, han terminado revolucionando el sector, puesto que permiten el reemplazo de la raíz del diente con un tornillo de titanio sobre el que se colocará una corona que imitará a la perfección la pieza natural.
Además de que recuperan la función de masticar, dichos tratamientos devuelven la continuidad de la sonrisa y así se evita tener un aspecto “incompleto”, que es algo que suele condicionar bastante la imagen personal.
Un diseño protésico tiene en cuenta no solo la forma y el color, sino también cómo se pueden ver los dientes cuando se habla o ríe.
¿Cuándo acudir a un especialista en estética dental?
No todos los dentistas trabajan de la misma manera en la parte estética. El hecho de acudir a un especialista no es sinónimo de optar automáticamente por tratamientos caros o innecesarios.
Al contrario, un buen profesional comenzará siempre por evaluar la salud de la boca y propondrá un plan realista, en el que se explicará qué es lo que se puede lograr, en qué orden y con qué límites.
Muchas veces, lo más sensato es ir paso a paso: primero se sanea, luego se alinea y, por último, se refina el color y la forma. Siempre hay que pensarse las cosas con tranquilidad y tener las máximas garantías de cara a no equivocarse con los profesionales que nos traten.
Está claro que los tiempos han cambiado y ahora la estética en el ámbito de la salud dental es realmente importante. Por ese motivo, solemos ver cómo cada vez no solo hay demanda de más y mejores tratamientos, sino que la exigencia por parte de los pacientes se traslada a unos profesionales que saben que el servicio debe responder a las necesidades del siglo XXI.


